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Biografía de Sánkara (V)

Unidad de Tradición

Visita de los sabios y renuncia al mundo

Sankara había adquirido, más allá de la práctica de los cuatro Veda, sólidos conocimientos en las diversas ramas d      el saber hindú tradicional: Nyana, Yoga de Patañjali, Samkya y Purva Mimanmsa. A los ocho años volvió a vivir con su madre.
Algún tiempo después, algunos ascetas itinerantes (samnyasin), pasando por Kalati, visitaron su casa y se mostraron complacidos por la acogida que les había sido dispensada. Uno de ellos explicó a Aryamba que su hijo, dadas las circunstancias en que había nacido, tenía la edad suficiente y adecuada para dejar este mundo, pero, gracias a la hospitalidad que había recibido, le había sido concedido vivir ocho años más. El grupo, del que formaban parte los sabios Agastya y Narada, bendijo la casa y, sin más, continuó su camino.
Aryamba recordó de improviso las palabras de Siva en Trichur: "O numerosos hijos mediocres y longevos, o este joven Sankara que iluminará el mundo". Los ascetas le acababan de decir que su único y deleitado hijo moriría, por tanto, a los dieciocho años. El chico consoló a su madre explicándole que las relaciones entre los padres y los hijos, en esta vida, son transitorias; el fin principal de nuestro pasaje en la tierra es la Realización y la Liberación.
Después de la visita de los sabios, la tendencia de Sankara al ascetismo se acentuaba día tras día. Aryamba decidió entonces distraerlo empeñándolo en labores domésticas, dando a entender con ello que le había buscado una esposa. Pero en sus meditaciones diarias, Sankara intuía perfectamente que estaba destinado a cumplir  una gran tarea, la más grande que un hijo de la India había cumplido nunca: restablecer la Tradición védica (vedikamatha) en su pureza original. ¿Cómo persuadir a su madre, viuda y además carente de medios, a dejarlo partir?
Una mañana, Sankara fue al río a tomar el primer baño de la jornada. De improviso, un cocodrilo lo agarró por el tobillo y lo arrastró por la corriente. Sankara llamó a su madre pidiendo ayuda. Aryamba, temblorosa por el miedo, corrió por la ribera del Curna y vió a su hijo debatirse en el agua. Sankara logró hacerle entender que un cocodrilo le había atrapado por la pierna y le gritó: "Oh madre, si tú me dieras permiso para renunciar al mundo, este cocodrilo me dejaría escapar". Aryamba, antes que ver a su hijo morir con sus propios ojos, consintió. El cocodrilo dejó  inmediatamente a su presa y Sankara logró llegar a la orilla. Lleno de gozo, exclamó que desde aquel momento, todas las mujeres a las que había pedido limosna habían sido para él otras madres amorosas, el Maestro que lo había iniciado definitivamente como samnyasin había sido para él como un padre, y sus futuros discípulos, sus propios hijos. Toda la tierra sagrada de la India y el mundo entero, no únicamente su pequeña casa de Kalati, sería su morada…



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